martes, 2 de octubre de 2012

Quito (Ecuador) - Un viaje que prefiero olvidar

Fue el viaje en el cual violé todos los tips del buen viajero: nunca llegar tarde a una gran ciudad y siempre intentar tomarse buses nocturnos.
Estaba en el pueblo costero de Canoa. Por algún motivo que al día de la fecha no comprendo decidí irme a Quito a las 11 de la mañana en lugar de tomarme el bus nocturno. Mi amigo ecuatoriano artesano y periodista Samuel me recomendó tomar un bus que no me dejara en la estación de buses de Quito llamada Quitumbe pues quedaba lejos de donde yo debía ir: la plaza Foch. Donde terminé ese día a las 11 de la noche? En la estación Quitumbe.
Así empezó el infierno: tomé un bus de Canoa a Pedernales donde me aseguraron que salían los buses hacia Quito que me dejarían cerca de la plaza Foch. Llegado a Pedernales me indicaron que si quería coger el bus hacia la plaza debía ir a Santo Domingo. Eso hice y llegué hasta la ciudad de Santo Domingo. Para entonces eran las 5 de la tarde, es decir, 6 horas después de salir de Canoa. Allí me indicaron que todos los buses iban a Quitumbe y ninguno a la plaza. Así que, lo que había intentado evitar, me era indefectible. Para comprar el ticket de Santo Domingo a Quito estuve una hora y media haciendo fila para que, al final, me cobraran mas por ser buses extra. Todo el mundo se quejaba. Yo solo quería LLEGAR a Quito. En medio del camino a Quito nos paró la policía y todos abajo a demostrar que no éramos narcos o algo por el estilo. No obstante los "chapas", como les llaman acá a los policías, fueron amables. Faltaban unas dos horas a Quito cuando un olor despreciable asomó por mis fosas nasales. No le di importancia: ese día acabaría algún día me decía buscando aliento. Unos 5 minutos antes de llegar a Quitumbe el humano que estaba sentado a mi lado se levantó y se bajó en una parada previa. Sin querer mis dedos tocaron su asiento y al sentir mis dedos humedecidos maldije. Cuando los olí (no me preguntes porque hice eso. Quizás es cierta la frase que la curiosidad mató al ratón)  advertí lo peor: era orina! El maldito hijo de puta que se sentaba a mi lado había orinado la pared del bus y todo el piso a mi alrededor (inclusive los dedos de mis pies con ojotas). Ese era el olor que había notado tan fuertemente un rato antes.
Me cambié de asiento y miré el reloj. Eran las 11 de la noche. Y yo que quería llegar a Quito a la tarde por cuestión de seguridad!
En Quitumbe tendría otra hora de viaje hacia la plaza Foch. Llegué y pregunté donde tomar el bus hacia la plaza. No hay mas buses hacia ahí, fue la respuesta que me botaron por la cabeza. Existe el trolebús, agregaron. No se ni que es pero lo tomo, pensé animado. A mitad del recorrido tuve que hacer combinación. Para entonces se acercaban las 12 de la noche y yo en la ciudad mas peligrosa de Ecuador. Llegué a la estación Mariscal a unas 7 cuadras de la plaza Foch. Bajarme del trole y ver la avenida mas desierta que alguna vez haya visto me puso en alerta. Caminé, mapa en mano, tratando de adivinar para donde quedaba la bendita plaza. Luego llegó un joven, el único en 5 cuadras a la redonda. La cantidad de drogas en sangre que tenía ese joven era suficiente para compartir en la Creamfields. Me hice el simpático y seguí camino. Dos mochilas en los hombros y ojotas me ponían en desventaja contra el vagabundo, el cual, se me quedó mirando unos 3 minutos mientras yo aceleraba mis pasos hacia... Otro lado. Relajo sentí, al mirar de reojo y ver que el desventurado habíase ido.
Seguí caminando. Donde, por el amor a Dios que mandó a su único hijo a la tierra para salvarnos, están los Hostels, me preguntaba tantas veces que me hacia reír. Al rato una pareja se me acercó en bicicleta y me ofreció ayuda. Será esto un truco para llevarme a un descampado y desplumarme? Filosofé pesimistamente.
Por el contrario, esa afable pareja me había visto caminando por su ciudad como un perro deambula cerca de un restorán en búsqueda de comida, y la chica le dijo a su novio de ayudarme. Esta es la famosa, ahora lo se, hospitalidad quiteña. Me llevaron a un hostel y se fueron. Nunca mas los vi, pero mi sorpresa fue grande como el amor de un padre a un hijo, cuando al día siguiente vi esta caricatura en la plaza.

Caricatura en la plaza Foch.

Estaré loco. No me creerás. Me querrás mandar al manicomio. Pensarás que la soledad ha robado mi cordura. Hasta yo mismo pienso todo eso.
Pero esos dos de la caricatura... Eran la pareja de ángeles que en mi llegada a Quito me ofrecieron ayuda y me llevaron a un lugar seguro.

12 comentarios:

  1. jajajaja muy buen relato!! Yo no se si creerte loco o que el primer vagabundo que encontraste te compartio un poco de la droga que llevaba en sangre!! jaja

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    1. No me puse a pensar eso pero en serio, esos dos eran la caricatura de los dos novios que me ayudaron! Grande fue mi sorpresa! Jaja en un viaje pasa de todo!

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  2. Muy bueno, yo le pongo 10 a tu relato.


    Panzarini

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    1. Papa querido!! Que alegria que sigas mis aventuras! Me alegro que te haya divertido! Abrazo anti capgemini

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  3. Saludos desde grecia, hermano. Como vas?

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    1. Que grande! Les quiero contar a todos que este tipo es una luz en la oscuridad! Un amigo de esos que no se olvidan! Te espero en Buenos Aires querido! Abrazo

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  4. No quería decirtelo... pero TE LO ADVERT{i.... gracias a Dios que es grande no te ocurrió nada, eso quiere decir que los angeles de El acampan alrededor tuyo y te defienden....

    que bueno saber que sigues persiguiend tu sueño....

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  5. gaby tus historias son fenomenales!!!

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  6. tiene en el viaje a Quito un error, Pedernales a Portoviejo es lo mas lógico, Portoviejo a Quito después, en Quito es preferible llegar a la madrugada, siempre viajaba a Quito desde Guayaquil,hace muchos años,viajes en Empresa Ecuador, 11 pm salia y llegaba 5.30 al Cumanda, terminal en el centro, hoy se que tienen nuevos terminales

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  7. jajajjajaja tuviste suerte, pero si tienes razon quito es hospitalario.... de ley la chica te vio guapo y ese factor ayudo a que la lastima sea tu suerte jajaja

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