El mundo es un telón de teatro tras el cual se esconden los secretos más profundos.
Rabindranah Tagore
Tras cenar con unos estadounidenses me encontré con tres chicas colombianas. Las tres vivían en Capurgana. Una pequeña de 14 años que, extrañamente, vivía sola. Una de 18 en la misma situación: estaba sola en Capuragana. Ésta era rubia, de tez blanca, gozaba de un lindo cuerpo, labios carnosos y sonrisa sumisa. La última, de 31 años, había dejado la hermosa tierra de Medellín por el paraíso capurgueño. Era linda y mas aun cuando hablaba con ese acento que tanta me deleitaba.
La chiquita pedía un cigarrillo y tomaba ron a la velocidad de las otras dos. "No le des" le suplicaba a la de 31 mientras que ésta, sin remordimiento, le convidaba la botella de gaseosa con el alcohol mezclado. "Déjala, si lo quiere hacer que quieres que haga?". Me respondia. No la entendía pero entendía que no era importante entender. Pronto se encendió un cigarro de esos que te dan risa y la pequeña parecía ansiosa, deseosa de que la ronda llegara por fin a ella. Le dio unas inhaladas como sabiendo del tema. Yo mientras tanto, jugaba con mi desnudos pies en una arena fría y suave.
A las horas, entre charlas y tragos, las mas jóvenes del grupo un tanto alcoholizadas se fueron saludandonos con la mano. Lamentaba que se fueran pues habíamos entablado cuanto menos simpáticas conversaciones entre todos.
En ese momento la de 31 me contó. Y ahí entendí. Todo.
Resulta que ambas jóvenes motivadas por su familia se dedicaban a la (falsamente nombrada) vida fácil.
"Como sabes?" le pregunté a la de 31 con unos abiertos ojos como de huevo tibio.
"Las vi salir mas de una vez con distintos `manes` de un hotel" me replicó la adulta sin mostrarse anonadada.
"Por eso" continuó con una lógica envidiable "como quieres que le diga a esa niña que no fume, ni tome cuando en realidad tiene mas experiencia que tu o yo".
El mundo y todas esas estrellas esparcidas en el cielo azul heráldico de aquella isla cayeron ante mis ojos, de repente.